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| Bandera Acompañante La Bandera Acompañante, ¿qué es? ¿Porqué es deseable una Bandera Acompañante? ¿Por que el color blanco para la Bandera Acompañante?
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La Bandera Acompañante representa todo lo que hacen, creen, conocen o experimentan los seres humanos en común, no obstante sus diferencias. Es el primer símbolo de su clase: un reconocimiento permanente y público de las similitudes y experiencias compartidas de la gente en todo el mundo, a pesar de sus diferencias. Las banderas son símbolos excepcionales: son un matrimonio entre la elegancia, el poder y la sencillez. Se ven ondeando en prácticamente todo centro de población, sea grande o pequeño, en todo el mundo. Además de que existen más de 200 banderas nacionales, hay centenares de banderas regionales, estatales, municipales, empresariales, de fraternidades, religiosas, escolares, deportivas y familiares. Se puede decir que no hay dos banderas iguales. Sin embargo, en todas se ve algo común: son símbolos de nuestra diversidad y separación. Nos dividen. Cada bandera que usamos hoy traza una línea divisoria sobre la población del mundo; bajo cada bandera, está encadenado e incluido un grupo de personas, mientras que el resto del mundo, por definición, está excluido. Claro que existen numerosas diferencias humanas en nuestro mundo. Existen diferencias en la cultura, en la nacionalidad, la raza, la historia, el idioma y la religión. Hay diferencias políticas y económicas, filosóficas, normas y valores distintos. Por eso, es apropiado y comprensible que la gente que comparte esas diferencias y otras cualidades especiales, sienta orgullo en sus banderas y que ame los emblemas que ellos, o sus antecesores escogieron para representarlos. Seguro que esos símbolos son buenos. Así como hay diferencias, existen identidades en la experiencia humana que son formidables y de gran alcance. El amor que se siente hacia los niños por ejemplo; el instinto y el deseo de vivir; el deseo de tener salud, conocimientos y felicidad; la preocupación por la seguridad y la felicidad de nuestros seres queridos. Son los mismos en todo el mundo. Los seres humanos compartimos la misma biología. Somos susceptibles de enfermedad, sentimos el placer y el dolor. Nacimos vulnerables. Necesitamos amor, protección y alimento para sobrevivir y crecer. Aunque existen diferencias, nos vestimos y nos protegemos de los elementos. Nos comunicamos con símbolos, tenemos el mismo abanico de emociones. Somos imperfectos y lo reconocemos. En gran medida, aceptamos y aprovechamos la misma base de conocimientos. Construimos edificios, puentes, hospitales; aceptamos costumbres y reglas; deseamos muchos de los mismos alimentos y productos. Reímos y lloramos por las mismas cosas. Creamos y sentimos placer ante el arte, la música, la poesía y los cuentos. Valoramos y mantenemos vivas las memorias de nuestros antepasados. La lista parece ser interminable. Como dijo un escritor, los humanos somos como pirámides, es decir, las diferencias se encuentra solamente en los estratos de la cima. Quizás sea cierto, pero cómo podemos explicar que al mirar hacia nuestro alrededor, nos inclinamos a ver una manifestación de diferencias humanas que nos amenazan. ¿Será que nuestras similitudes esenciales son la parte escondida de la pirámide? Las banderas del mundo son aceptadas universalmente como símbolos que marcan y celebran la división y la separación de la gente del mundo. Bellas y perdurables, merecen el lugar que les damos en nuestro corazón; pero al mismo tiempo, hoy en día, no bastan sencillamente los símbolos, ni sólo hablar de nuestras diferencias. Ese no es un panorama completo --es como describir la pirámide refiriéndose tan sólo a su cumbre. Si el propósito de las banderas del mundo es representarnos (y lo hacen) --y si hemos de convivir bajo su abrigo (ya lo hacemos)-- entonces ha llegado la hora de completar su misión simbólica. Es hora de asegurar que nuestras diferencias y también nuestras similitudes esenciales --factores simultáneamente distintos en nuestra vida cotidiana-- sean representados y honorados al mismo tiempo. Ondear la Bandera Acompañante con las demás banderas del mundo realizará este objetivo. La Bandera Acompañante sirve como recordatorio dulce y constante y visible, de que nuestra vida y la vida de toda la humanidad, se ve afectada e influenciada no sólo por nuestra humanidad esencial, sino también por las circunstancias, condiciones y perspectivas distintas e idiosincrásicas. Ambas influencias son válidas; no se puede negar ni la una ni la otra. Pero aquella es especial. La humanidad es nuestro vínculo común. Es una parte de cada quien, pero al mismo tiempo es la misma para todos, no importa donde vivimos ni cuán pronunciadas sean nuestras diferencias. La Bandera Acompañante es un símbolo de nuestra humanidad compartida. Adoptarla marcará un momento histórico de cimiento, entendimiento mutuo y respeto en todo el mundo. Siguiente página:¿Porqué es deseable una Bandera Acompañante? |
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